La Frontera Final.
Por Jesus Gerardo Rodriguez Flores.
jgerardo@prodigy.net.mx
Era
el 23 de marzo de 1912 en Wirstz, provincia prusiana de Posen, en la actual Polonia.
Nacía Wernher Von Braun, hijo del Barón Magnus Von Braun y su mujer. La madre de
Wernher, una mujer de considerable nivel cultural y amante de la literatura, seguramente
fue quien puso en las manos de su hijo aquel libro de Cyrano de Bergerac titulado
"Viaje a los imperios de la Luna y el Sol". Esta era un historia que
anticipándose a la ciencia ficción expresaba el deseo del ser humano de liberarse de las
cadenas que los sujetaban a la tierra y explorar las esferas celestes. Este libro cautivó
a Von Braun.
Posteriormente,
cuando realizó su confesión luterana, su madre le regaló un telescopio, lo cual le
despertó su interés por el universo y los posibles medios de locomoción espacial. A
pesar de que su madre alentaba su curiosidad, nadie en su familia tenía una trayectoria
científica. "Uno de los enigmas sin resolver en mi vida es cómo me convertí en
científico", diría Von Braun. Pero había llegado, para su fortuna, los tiempos de
Max Valier y Fritz Von Opel con sus vehículos impulsados por cohetes, lo cual despejó
sus dudas sobre lo que quería hacer.
Sin
embargo había un pequeño pero severo problema: Wernher Von Braun era una tragedia con
las matemáticas, y poco tardo en descubrir que también con la física. Un día encontró
un libro cuyo título atrajo irresistiblemente su atención. Era "Camino a los
planetas" de Hermann Oberth. La idea de conquistar el espacio lo obsesionaba, pero
¡Oh problema! ¡ El libro estaba plagado de fórmulas matemáticas ! Wernher
resignadamente tuvo que superar sus deficiencias y "entrarle duro" a las
matemáticas y física (un ejemplo que nuestros estudiantes deberían seguir). Pasando el
tiempo Wernher se convirtió en un estudioso de las técnicas de cohetería desarrolladas
por Konstantín Tsiolkovski, Robert Esnault Pelterie y Hermann Oberth. Llegó un momento
en que él desarrolló nuevas técnicas para cohetes de combustible líquido que atrajeron
la atención de Oberth quién lo integró a su equipo de trabajo como auxiliar.
Ingresó
a la Sociedad Alemana para Viajes Espaciales dónde realizó exitosos experimentos, aunque
otros eran realmente peligrosos. Muchas veces él y sus compañeros quedaban tendidos en
el pasto, asustados o muertos de risa después de tener que esquivar sus caprichosos
artefactos que tomaban direcciones insospechadas.
Finalmente
el capitán del Departamento de Artillería del Ejercito Alemán, Walter Dornberger, le
ofreció empleo para el campo de pruebas de Kummersdorf. Posteriormente, en compañía de
sus excompañeros de la Sociedad para Viajes Espaciales se trasladaría a Peenemunde. Era
la primavera de 1937. Sin embargo llegaría la época de la Alemania Nazi y los planes de
cohetería cambiarían de objetivos.
Para
entonces Von Braun y su equipo habían desarrollado una serie de cohetes hasta llegar en
otoño de 1939 al lanzamiento de un cohete totalmente controlado, el A-5. Los nazis
decidieron utilizar este nuevo vehículo para hacer lo que la artillería no podía:
atacar Inglaterra.
Estando
entre la espada y la pared, Von Braun y sus colegas desarrollarían la V-2, una bomba
cohete que ocasionaría estragos en Londres. Pero ésta era solo parte de un temible
proyecto. Hitler esperaba el momento de crear la A-10, un misil de dos etapas que sería
capaz de atravesar el Atlántico para bombardear Estados Unidos.
Pero
los aliados se encargarían de frustrar aquel sueño alemán. El 17 de agosto de 1943 la
Real Fuerza Aérea británica despachó en 3 horas, 600 bombarderos y 45 incursiones
aéreas nocturnas que destruyeron Peenemunde. Las instalaciones quedaron inservibles y 700
hombres murieron. Hitler mando construir instalaciones subterráneas al sur de los montes
Harz.
En
gran parte el recurso humano del proyecto de la V-2 alemana logró salvarse del bombardeo
que los aliados enviaron sobre Peenemunde. Wernher Von Braun y su equipo finalmente
lanzaron el 7 de septiembre de 1944 la primera V-2 contra Londres, desde un sitio cercano
a La Haya, Holanda.
Cuando
fue evidente que Alemania perdía la guerra, Von Braun y su equipo decidieron entregarse a
los Aliados. Era su mejor opción para continuar su proyecto de alcanzar el espacio. Los
soviéticos se habían adueñado de las instalaciones de producción de la V-2 y de
algunos científicos, pero Von Braun era una pieza vital. Los rusos instalaron un sistema
de altavoces diciendo que pagarían 500,000 marcos a Von Braun si él y su equipo se iban
con ellos. Pero el Sr. Braun no le interesó la oferta.
En
Septiembre de 1945 llegó a Estados Unidos para radicar en Fort Blies, Texas donde
continuaría sus experimentos. Los norteaméricanos consideraban a Wernher Von Braun
"el más valioso botín de guerra americano". El 24 de febrero de 1949 lanzó un
proyectil que montado sobre una V-2 alemana alcanzó una altura de 400 kilómetros, era el
primer cohete en alcanzar plenamente el espacio exterior. Por este logro, el presidente
Eisenhower le daría la condecoración por servicios civiles distinguidos. En 1950 el
ejercito lo trasladó junto con su equipo al arsenal Redstone, en Alabama para continuar
con los proyectos hasta convertirse en Director del Centro de Vuelos Espaciales Marshall
de la NASA.
Precisamente
en la segunda mitad de la década de los cincuentas, Von Braun continuamente alertó al
gobierno norteaméricano de que los rusos podrían adelantarse en la carrera al espacio,
lo cual ocurrió el 4 de octubre de 1957 cuando los soviéticos lanzaron el primer
satélite espacial, el Sputnik I. Tras el fracaso de Estados Unidos en el lanzamiento del
satélite Vanguard, Von Braun y su equipo recibieron luz verde para poner en órbita el
satélite Explorer I, que descubiría los campos de radiación Van Allen que rodean la
Tierra. Y aunque los norteaméricanos también pondrían tarde a un ser humano en el
espacio, Von Braun se reservaría la gran victoria: enviar a dos seres humanos a la
superficie de la Luna y traerlos de regreso sanos y a salvo.
El
Apolo XI lograría este objetivo el 21 de julio de 1969.
Wernher
Von Braun finalmente después de cuatro décadas de haberse entusiasmado al ver el libro
"Camino a los planetas" de Hermann Oberth pudo asegurar que había formado parte
de ese esfuerzo. "Es el día más feliz de mi vida - dijo -. Ahora se que he servido
para algo". Y aunque el verdadero sueño de Von Braun era viajar personalmente a la
Luna era contundente al superar aquella hazaña que fantásticamente relataba Cyrano de
Bergerac en aquel libro que tanto lo había encantado de niño.
Llegó
1972 y con el recorte de presupuesto para la NASA, Von Braun decidió cerrar un capítulo
más de su vida. Dimitió de su cargo en la NASA y se convirtió en vicepresidente de la
división técnica de la firma aeronáutica Fairchild. Siempre estuvo entusiasmado con la
idea de detectar vida extraterrestre. Su libro "Space Frontier" se ha convertido
en una Biblia sobre la cohetería y el vuelo espacial.
Escribió
sus memorias, la biografía de una vida dedicada a un solo objetivo: el espacio exterior.
Y finalmente falleció de un inesperado cáncer el 15 de Junio de 1977.
Los
proyectos de Wernher Von Braun continúan hoy influyendo a los técnicos aeroespaciales.
Los módulos lunares, naves robot y tripuladas a Marte y transbordadores espaciales que
él ideó continuarán desarrollandose hasta bien entrados al siglo XXI. Y es casi seguro
que la fotografía de Wernher Von Braun, aquel niño que superó sus problemas con las
matemáticas y la física, permanezca siempre en un lugar de honor en las astronaves que
en un futuro surquen el espacio camino a los planetas...
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