Energías cósmicas de primavera y otras hierbas.
Ing. Jesús Gerardo Rodríguez Flores. (Soc.
Astronómica de la Laguna, A.C.)
Llegó
el 21 de Marzo y como era de esperarse todas las zonas arqueológicas fueron una
romería. La llegada del equinoccio de primavera atrae a los perpetuadores de la
mexicanidad, pero también a muchos seguidores de las corrientes de "Nueva Era"
que se presentan en las zonas arqueológicas para desarrollar sus muy originales
ritos. En compañía de miles de "agregados" a la nueva moda, suben las pirámides
vestidos de blanco y hacia mediodía elevan sus brazos al Sol para - emulando a
las pilas recargables - llenarse de energías cósmicas. Lo verdaderamente
sorprendente de este curioso ritual es el convencimiento que estos individuos
tienen de que nuestros ancestros realizaban este ritual. ¡Pero la verdad es que
no lo hacían! ¡El que desea engañarse a si mismo, muy su gusto!
¿Pero que tan cierto es esto de las "energías
cósmicas" que se captan en la cima de las pirámides, al medio día del equinoccio
de primavera? La verdad... puros cuentos chinos...
Punto numero uno. Este 2006 el
equinoccio de primavera entró el 20 de marzo hacia mediodía, tiempo del centro
de México. Nada que ver el mediodía del 21 de marzo. Y es que debido a un
fenómeno conocido como "Precesión de los equinoccios" todos los años la hora y
fecha del equinoccio se desplaza. Este concepto del "precesión" se conoce desde
tiempos antiguos, incluso los constructores de pirámides (mesoamericanas o
egipcias) lo conocían, pero no pidan milagros de los seguidores del new age. Si
hubiera entrado el equinoccio de primavera en las horas de la madrugada ¿a caso
creen que los alucinados del new age irían a treparse a oscuras a una pirámide
para elevar sus brazos para recibir "energías cósmicas"?
Punto numero dos. Es una vergüenza que
los movimientos de la nueva era se digan perpetuadoras de las ceremonias y
conocimientos de las antiguas culturas y no conozcan realmente este concepto de
la "precesión de equinoccios" y lo que es peor, fabriquen presuntas ceremonias
que hacían nuestros ancestros. ¡Tonterías! Nuestros ancestros no se subían a las
pirámides para recibir "energías cósmicas".
Punto numero tres. Evidentemente en
mesoamérica existen zonas arqueológicas con edificaciones diseñadas con
orientación astronómica y motivaciones equinocciales. Pero la razón de esta
orientación era simplemente marcar el inicio de las temporadas estaciónales para
programar la siembra y cosecha. Su función era más orientada hacia la
agricultura que a hechos rituales. Allí también fallan los "new age".
Punto numero cuatro. Nuestro universo
físico es contundente. Conocemos la existencia de cuatro fuerzas (energías) en
nuestro universo. Estas son la electromagnética, gravitacional, así como la
fuerza nuclear débil (que ocasiona la desintegración radiactiva) y la fuerte
(que mantiene la cohesión de los núcleos de los átomos). No existen más energías
o fuerzas. Así que las "energías cósmicas" de los "ritualistas de blanco" no son
otra cosa que puros cuentos.
Punto
numero cinco. ¿Son las pirámides auténticas colectoras de energía? ¿Es por
esa razón que muchas civilizaciones construyeron pirámides por todo el mundo?
La verdad es más sencilla. La forma piramidal es la más simple para una
construcción de gran volumen y gran altura. No solo reduce considerablemente la
cantidad de material necesario para su construcción, sino que diseñándola con la
relación adecuada entre su base y su altura se evita el riesgo que el peso de la
misma construcción termine colapsándola. Evidentemente la construcción de
pirámides no fue una labor o conocimiento adquirido por entidades superiores o
extraterrestres, las primeras pirámides egipcias fueron construidas por el
faraón Snefru (padre de Keops, el de la gran pirámide de Giza) y han sobrevivido
a nuestros días. Allí podemos ver como su pirámide roja en Dashur se empezó a
colapsar a causa del peso de su material. Adquirida esta experiencia, las
siguientes pirámides egipcias pudieron ser construidas correctamente. De la
misma forma este conocimiento tuvo que ser adquirido por experiencia propia en
otras civilizaciones, muestra de ello son las pirámides de amplia base y media
altura que podemos encontrar en mesoamérica (Teotihuacan, Cholula) y en lugares
tan remotos como la China central. Los antiguos construyeron pirámides con fines
rituales, astronómicos y funerarios, nunca por creer que sirvieran para colectar
“energías”. Esta errónea creencia es tan reciente como la década de los
setentas, cuando surgieron innumerables publicaciones donde atribuían alucinadas
propiedades a estas construcciones, tales como la profecía (“Dramáticas
profecías de la gran pirámide”, de Rodolfo Benavides) o la aplicación de
energías. Esta última fue una mina de oro para autores de miles de libros de
“energía piramidal” que nunca pudieron demostrar científicamente sus
aseveraciones.
Creo que con esto queda más que demostrado que
estas "nuevas creencias" están muy alejadas del conocimiento astronómico de
nuestros antiguos. No son mas que "creencias chatarra" en esta sociedad de la
"comida chatarra" y "las creencias basura". Pero adicionalmente a ello, lo
preocupante es que la gran cantidad de gente que asiste a estas ceremonias "new
age" muestra realmente un nulo interés por nuestro legado cultural. Cada
equinoccio es una pesadilla para los arqueólogos y restauradores, pues nuestras
pirámides se ven seriamente dañadas por estos individuos que las trepan incluso
por los faldones y demás superficies que no fueron diseñadas para la tracción
del calzado humano. Y mejor no nos extendamos a las toneladas de basura que
dejan en los sitios arqueológicos.
Si queremos realmente heredar nuestro
patrimonio arqueológico a las futuras generaciones, debemos respetar las
construcciones ancestrales que el paso del tiempo ha dejado a nuestra
administración.
Pero
algo si me llama la atención de estas modernas anécdotas del tercer milenio.
Mientras la gente se arremolina con los brazos en alto en la cima de la pirámide
del Sol, a tan solo unos metros ocurre un fenómeno sorprendente en el mismo San
Juan Teotihuacan. El Patio de las Mariposas o Quetzalpapálotl se encuentra a un
lado de la Plaza de la Luna y en él ocurre un fenómeno arqueoastronómico muy
singular. Entrando al edificio encontramos un patio central al aire libre
rodeado por pilares de piedra que sostienen el techo de los pasillos. Cada pilar
tiene una almena o elemento decorativo pintado de rojo con el símbolo del año. Y
es en estas almenas donde se produce un efecto interesante el día del
equinoccio. Ese día en particular las almenas proyectan su sombra hacia las
paredes del patio central, solamente el día del equinoccio, ni uno más. ¿Será
acaso una coincidencia?
Lo que tampoco es una coincidencia es que otros
sitios arqueológicos de Mesoamérica también tienen construcciones orientadas
astronómicamente para marcar los equinoccios. Algo semejante ocurre en
Xochicalco, Morelos, donde los altares de la Plaza Ceremonial parecen marcar el
paso del Sol por sus aristas cuando son observadas desde la estela central de la
fundación de la ciudad fortificada.
Lejos
del Altiplano Central, en el área maya encontramos ciudades como Dzibilchatun
ubicada a 15 kilómetros de Mérida, en dirección a Puerto Progreso. Este fue un
asentamiento ocupado desde el preclásico (500 a.C. - 250 d.C.) hasta el
postclásico (1000 - 1500 d.C ). El templo más llamativo de este sitio es el
llamado Templo de las Siete Muñecas. Su nombre se debe a siete figuritas de
cerámica halladas en su interior. Cada día de equinoccio podemos observar
extasiados como los rayos del astro rey atraviesan la puerta central del templo.
Y sin lugar a dudas el sitio por excelencia es Chichen Itzá. Aquí no solo nos
maravillamos de la edificación conocida como "El Caracol" el cual realmente
asemeja a un moderno observatorio astronómico, sino que adicional a este
encontramos la pirámide de Kukulkán o "El Castillo". Este complejo piramidal
consta de nueve alfardas o mastabas sobrepuestas y escalinatas en cada uno de
sus cuatro lados que van descendiendo desde su altar superior y rematan el suelo
con grandes cabezas de serpiente talladas en piedra. Cuando ocurren los
equinoccios, la luz del Sol provoca que las alfardas proyecten sombras
triangulares sobre las paredes de las escalinatas generando la impresión de que
una gigantesca serpiente emplumada - Quetzalcóatl - desciende poco a poco del
cielo al suelo. Adicional a ello hay que comentar que si sumamos el numero de
los peldaños de cada una de las cuatro escaleras a su base, el numero que
obtenemos es 365, exactamente el numero de días de nuestro periodo de traslación
alrededor del Sol. Los mayas conocían con exactitud la medición del año.
Es irónico que nuestros
pueblos indígenas conocieran tantas cosas de nuestro Universo y nuestro entorno,
y mientras tanto el hombre del siglo XXI con tanta ciencia y tecnología
disponible pierda el tiempo con rituales vacíos y alimentándose de tanta basura
esotérica que inunda en los actuales medios – presuntamente – de información.
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