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 Por Jesús Gerardo Rodriguez Flores.

Parece ser una costumbre bastante arraigada en nuestra civilización. De una manera u otra, el fin del mundo siempre se encuentra a la vuelta de la esquina, o algún excéntrico individuo presagia que acontecimientos sobre naturales están por ocurrir. En días pasados empezaron a circular rumores y textos sobre eventos sobrenaturales que tendrían inicio en cercana fecha. Se hablaba del fin del mundo, del anticristo y mucho más. Algunas versiones hablaban del tercer secreto de la Virgen de Fátima, otras de tres días de oscuridad donde los demonios estarían sueltos.

 ¿Cuántas veces hemos escuchado esas versiones? Innumerable cantidad de veces. El tercer secreto de Fátima ha ido y venido en boca de mucha gente, sobre todo en los últimos cincuenta años. Desde gente sencilla hasta verdaderos embusteros han especulado sobre el presunto tercer secreto que revelara la Virgen de Fátima a su vidente Lucía a inicios del siglo XX. No voy a acreditar ni descalificar ni a Fátima, ni su mensaje ni la presunta visión. Pero lo que si resulta cierto es que mucha gente parece desconocer su contenido, el cual desde hace algunos años dejo de ser un secreto. 

Ratzinger (Benedicto XVI) publicando el tercer secreto.Según el relato, durante sus apariciones en el pueblo lusitano de Fátima, la Virgen entregó su vidente tres “secretos”. El primero versaba sobre la Primera Guerra Mundial y su conclusión. El segundo secreto parecía profetizar el inicio de la Segunda Guerra Mundial. Solamente la tercera visión permaneció en secreto, tras ser entregada al Vaticano. Debido a que el secreto permaneció sin revelarse públicamente fueron muchas las especulaciones al respecto. Especulaciones que continúan hasta ahora. Sin embargo, muchos parecen desconocer que el 13 de mayo del año 2000 dicha visión fue finalmente publicada por el Vaticano y prácticamente nada tenia que ver con el fin del mundo. Sería el pontífice Juan Pablo II quien daría las instrucciones para publicarlo, y precisamente su sucesor (Joseph Ratzinger) seria quien daría interpretación al mismo en dicha fecha. Según sus palabras, el secreto profetizaba el atentado contra el Papa, tal y como había ocurrido el 13 de mayo de 1981.

 En otras palabras, debemos olvidarnos de volver a involucrar al presunto “tercer secreto” con el fin del mundo.

 La otra versión de los sucesos oscuros por venir tiene que ver con tres días de oscuridad, donde la luz eléctrica no fluirá,  y el sol no alumbrará ¡Orales! ¿Quién va a apagar al Sol? ¿O a caso estará nublado? La única luz que sobrevivirá será la luz de los cirios (velas). Algunas versiones son muy dramáticas. Nos hablan de encerrarnos en nuestras casas, hacer oración y no abrir la puerta bajo ningún motivo, porque “los demonios andarán sueltos”. Por supuesto nadie da una explicación racional de porqué van a ocurrir estos eventos. A lo mucho algunos fanáticos del new age inventan sus “cinturones de fotones” emergiendo de las Pléyades o del centro de la Galaxia, o no falta algún asteroide o un planeta gigante a punto de colisionar con nuestro mundo. Pero nada que pueda ser confirmado científicamente.

 Estas versiones son tan dramáticas como obsoletas. Desde que tengo memoria circulan estas alucinaciones, una de las anteriores ocasiones en que también circuló fue el 8 de agosto de 1998 (8-8-8-8). Cada vez que los catastrofistas observan que los días, meses y años coinciden vuelven a las andadas con sus profecías. Los aficionados a los misticismos están obsesionados con los números y siempre les dan un carácter mágico que realmente no tienen. Es por ello que no extraña que al llegar el seis de junio del año 2006 algunos apocalípticos empezaran a hacer de las suyas. Al juntar las cifras del día, mes y año se formaba el “estremecedor” numero 666. El numero de la bestia según el Apocalipsis.

 ¿Pero es válido jugar con los días, meses y años como nos lo propone la numerología? Los numerólogos están convencidos que los números encierran una magia tal que nos permite conocer la personalidad de los individuos con solo sumar los números de su fecha de nacimiento. Algunos incluso llegan a declarar temerariamente que se puede predecir con solo sumar los números de las fechas. Sin embargo hay una verdad absoluta que parece evadir en todo momento los numerólogos. Los días, meses y años de nuestras fechas son producto de la inventiva del hombre, y no una estructura definida del todo por la naturaleza. El calendario es invento del hombre, y solo es una interpretación del tiempo que no es absolutamente exacta.

¿Como puede ser que la fecha de mi nacimiento pueda decir algo sobre mi? Peor aun. ¿Cómo puede la fecha de independencia de una nación presagiar el destino de millones de ciudadanos? Los días del mes, y  los meses del año son fabricación del hombre. Las civilizaciones mesoamericanas tenían calendarios con una cantidad distinta de meses que el calendario actual. Sus años seguían siendo de 365 años, que es lo que dura un transito de nuestro planeta alrededor del Sol. Pero algunas civilizaciones – como las mesoamericanas - usan 18 meses en lugar de la docena tradicional. La diferencia es que los días del mes se reducen a tan solo 20 días, aproximadamente. Si el calendario mesoamericano hubiera prevalecido sobre el que actualmente usamos los numerólogos tendrían problemas para convencernos por que sus sumas de día-mes-año no dan los mismos resultados para la misma persona, pasando de un calendario a otro.

Por si fuera poco tampoco el número del mes y del año se salva de esta premisa. ¿Por qué el mes de septiembre proviene de “séptimo” si es el noveno mes del año? ¿Por qué octubre proviene de “octavo” si es el décimo mes del año?  La razón es sencilla, y al parecer los numerólogos la desconocen. Fue en el siglo I antes de nuestra era cuando Cesar, emperador de Roma ordenó una reforma al calendario que permitiera ajustar algunas impresiciones del anterior cómputo. Con la ayuda del Sosígenes de Alejandría adoptó el calendario solar egipcio y opto por ajustar el inicio del año solar. Anteriormente el año iniciaba con el equinoccio de primavera. ¡El año empezaba a mediados de marzo! Sin embargo con el nuevo cambio, el año iniciaría al primer plenilunio posterior al solsticio de invierno. A partir de entonces, el año iniciaría con el primero día del mes de enero.  Pero de igual manera el número del año es determinado por nuestras civilizaciones. Cuando llegó el año 2000, para los pseudomísticos y numerólogos pudo ser un parte aguas, pero no lo fue igual para culturas como la china, la musulmana o la judía que tienen otros calendarios que van en números más avanzados o retrasados. El calendario cristiano podrá ir en el 2006, pero este mismo año para los musulmanes es el 1426 de la Hégira. Los chinos van por el año 4642,  los hindúes por el 1927 y los judíos en el  5772. Es lógico que al usar las cifras del año en el calendario cristiano dará distinto resultado que usando los calendarios judío, hindú, musulmán o chino. ¡Y sin embargo son el mismo año!

Con ello queda claro que la tesis de que los números son mágicos que pregonan los numerólogos y pseudomísticos es una farsa completa. Su disciplina numerológica es un fraude total. Es importante que tengamos memoria de cada una de las ocasiones en que estos individuos han intentado sorprendernos o asustarnos con sus declaraciones apocalípticas. La misma formula se ha repetido una y otra vez. ¿No estas cansado de que escuchar las mismas cosas una y otra vez?  Seria provechoso que la siguiente ocasión que ocurra otro evento así seamos más activos. La próxima vez que alguien se me aproxime para comunicarme que un terrible y sobrenatural evento va a ocurrir, o que el mundo se va a acabar lo voy a retar a una buena apuesta: si el evento no ocurre me podría hacer de un buen billete. Si el pregonero del Apocalipsis gana y el mundo se acaba… no se si le pueda pagar. ¿Por qué no hacer todos lo mismo?  Les aseguro que solo pueden ocurrir dos cosas. O los pregoneros del fin del mundo se quedan más pobres al perder una y otra vez la apuesta, o simplemente preferirán no volver a caer nuevamente al juego del fin del mundo.

Por lo pronto el 2006-06-06 ha pasado sin que nada espectacular haya ocurrido. El mundo no se acabó y estoy seguro que por mucho tiempo no lo hará. Pero siento el impulso de colocar un engomado en la casa de alguno que otro profeta fracasado que diga:  “El mundo se acabo ayer. ¡De lo que te perdiste!”