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Blues para el planeta rojo.

Por Jesús Gerardo Rodríguez Flores.

 

Han pasado más de 25 años desde la transmisión original de la serie de televisión de “Cosmos”, creada por Carl Sagan, y hasta la fecha uno de los capítulos que más profunda huella dejaron en nuestras mentes es el titulado “Blues para el planeta rojo”. La razón es más que evidente: trata sobre el planeta Marte, uno de los grandes favoritos de la humanidad. Y la causa de nuestra predilección por Marte es muy sencilla. Es junto con Venus uno de los planetas más cercanos a la Tierra. La vecindad que nos une con Marte y Venus da lugar a que, por nuestras mentes pase el punto de que, por conservar una distancia no muy extrema a la de la Tierra con respecto al Sol, estos dos astros puedan tener la temperatura adecuada para que en ellos sobreviva la vida de manera muy semejante a la que conocemos.

Durante años especulamos con esta posibilidad de tener hermanos cósmicos en Marte y Venus. La curiosidad parecía devorarnos. Con Venus las cosas eran complicadas, debido a que posee una capa de nubes densa y permanente que nunca nos permite apreciar su superficie a la curiosidad de nuestros telescopios. Por su lado, Marte tiene una atmósfera tenue que pocas veces resulta obstáculo para la observación, a excepción de sus colosales tormentas de arena que pueden ocultar su superficie por semanas. Sin embargo, aun así, el planeta rojo era muy pequeño a la vista de nuestros telescopios, que aunado a las distorsiones causadas por nuestra atmósfera terrestre, hacían que observar detalles en su superficie se convirtiera en un reto. En ocasiones parecía que los detalles en la superficie marciana eran una apuesta entre dos caras de la moneda que son “lo que realmente ven nuestros ojos” y “lo que creen ver”. Algunos astrónomos desafortunadamente fueron víctima de este dilema. Perceval Lowell era un entusiasta aficionado a la astronomía que invirtió dinero, tiempo y pasión al estudio del planeta Marte. En sus observaciones, eludiendo las distorsiones que nuestra atmósfera causaba a la imagen del planeta rojo, creyó observar líneas que atravesaban Marte desde los polos al ecuador. Su interpretación fue que estaba observando una amplia red de canales que conducían el agua de los polos marcianos hasta las moribundas urbes ecuatoriales, donde una antigua civilización marciana luchaba por no extinguirse ante los inhóspitos cambios de su ecosistema. Sin embargo para Lowell, sus detallados mapas de canales marcianos se fueron a la basura con la llegada de la fotografía astronómica, que dejo evidencias claras que en Marte no existían canales, tan solo en su imaginación.

Con el tiempo la tecnología dio lugar a la carrera espacial, y uno de los objetivos más atractivos de exploración resultó ser el planeta rojo. Y aunque las potencias se esmeraron a enviar sondas robotizadas para explorarlo, muy pronto se dieron cuenta que, a semejanza de una maldición, nada podía asegurarles que sus vehículos espaciales operaran correctamente al llegar a su destino. Sin duda Marte parecía tratar de conservar sus misterios. Uno de los pocos proyectos de exploración exitosos resulto ser las sondas Vikingo, que incluso pudieron descender a la superficie marciana en 1976. Las imágenes que obtuvimos a nivel del suelo no se olvidarán jamás. Sin embargo uno de los principales propósitos de la misión no se logró: el experimento de abordo que debería aclararnos si existen microorganismos en la superficie marciana arrojó resultados muy ambiguos. Hoy, a treinta años de distancia sabemos que el experimento no era el adecuado, y el más reciente intento de asentar en la superficie marciana otra sonda con sistema de análisis biológico, la europea “Beagle 2” lamentablemente no llego a su destino en 2003.

Durante los últimos treinta años hemos tenido una suerte combinada de frustraciones y éxitos en la exploración de Marte. En 1988 Rusia lanza sus sondas Phobos para explorar el planeta rojo y su luna Fobos, lamentablemente solo una sonda llega a su destino, pero deja de transmitir en las cercanías de la diminuta luna. Estados Unidos sufre otro descalabro igual cuando pierde contacto con la Mars Observer en 1993 en trayectoria de vuelo hacia Marte. Tres años después, la Mars 96 rusa fracasa su misión al fallar su lanzamiento. Seria hasta 1997 cuando nuevamente arribamos a Marte. La sonda Mars Global Surveyor entro en orbita para fotografiar el planeta durante cerca de diez años. Mientras tanto arribaba a la superficie del planeta el Mars Pathfinder y su pequeño rover Sojourner. La estación de descenso del Mars Pathfinder sería entonces bautizada como Estación Carl Sagan, en honor a nuestro divulgador favorito que había fallecido algunos meses antes.

Una nueva era dorada de la exploración espacial está surgiendo gracias a que la computación y la electrónica se han convertido en algo común en nuestras vidas. Prácticamente la misma tecnología que hay en nuestras computadoras, la electrónica de nuestros equipos de multimedia y la amplia capacidad de comunicaciones que existen actualmente, también se han reflejado en el diseño de los nuevos robots interplanetarios. Todo ello ha dado lugar a que podamos hacer misiones más baratas y efectivas. En esta línea, nuevas naves han arribado a orbita del planeta rojo. La Mars Express europea en 2003, así como las americanas Mars Odyssey y Mars Reconaisence Orbiter en 2001 y 2006 respectivamente. Todas ellas con instrumentos muy potentes capaces de observar a Marte como estudiamos nuestro planeta con los satélites metereológicos, y de percepción remota. Mientras tanto en hemisferios opuestos de la superficie marciana se encuentran dos nuevos vehículos exploradores, los rovers Spirit y Opportunity, que desde enero del 2004 se encuentran viajando por la superficie marciana mostrándonos hermosos paisajes y observando a detalle las rocas en búsqueda de pistas sobre la existencia de agua en estos áridos territorios.

Con el tiempo, algunos enigmas o especulaciones han sido finalmente aclarados. Para muestra lo siguiente. Las imágenes del Mariner 9 y los Vikingo mostraban una extraña formación en la región de Cydonia que asemejaba un rostro humano. ¿Qué hacia un rostro humano esculpido en la superficie del planeta rojo?  Ahora con cámaras capaces de captar detalles muy finos en la superficie de Marte podemos enfocarnos nuevamente en esa región y observar que, aquello que creíamos era un rostro humano en realidad es un montículo sumamente erosionado. Las imágenes captadas por el Mars Global Surveyor y la Mars Express nuevamente nos han mostrado que – a semejanza de los canales marcianos de Lowell – una cosa es “lo que creemos ver” y otra muy distinta lo que en realidad existe.

Develar los misterios de Marte esta muy lejos de ser un trabajo concluido. En la actualidad aun desconocemos como es posible que el metano se continué renovando en Marte, ¿es producto de una elusiva actividad volcánica? o de otro proceso más espectacular: la vida.

Suficiente razón para seguir explorando.

Aun es incierto si encontraremos vida, aunque sea microbiana en el planeta rojo. El hallazgo en la Antártida de un meteorito con presuntos microfósiles marcianos ha producido un debate más polémico que definitorio. Nuevas misiones se están preparando para un objetivo largamente soñado: que los humanos lleguemos a pisar las arenas de Marte. Aun es difícil calcular la posibilidad de una estancia parcial, continua o permanente en el planeta rojo. Mucho se ha hablado de que Marte podría convertirse en nuestro segundo hogar para la humanidad en caso de que nuestro medio ambiente se siga deteriorando. La expresión “terraformar Marte” circula mucho en artículos de divulgación científica y obras de ciencia ficción. Lo único cierto es que tecnológica y numéricamente estamos imposibilitados a que toda la humanidad emigre a Marte, y la verdad, resultaría más provechoso y económico tratar de conservar nuestro medio ambiente terrestre a si quiera intentar terraformar el planeta rojo.

Los primeros marcianos tal vez sean algunos humanos nacidos en colonias de Marte. Pero siempre será mucho más meritorio y ético tratar de conservar a nuestra Madre Tierra saludable para sobrevivencia del género humano.

 

Panorama del Cráter Victoria (Captada por el Mars Rover Opportunity).